Raquel es
la resaca del domingo, la nicotina del tabaco.
Pero
también es el amanecer después de la peor noche, o en el mejor de los casos,
podemos decir que simplemente es Raquel.
Camina
por la ciudad levantando pasiones, quitando el aliento con la
mirada, escondiéndose en los callejones a suspirar y buscando
bares para llorar sin dejar de reír.
Ninguno
de los que la ven saben donde vive y solo unos pocos llegan a conocer donde duerme.
Desayuna sola todas las mañanas, a veces con un café, otras solo con sueños perdidos.
Pero el día en que ambos se conocieron, él ni siquiera sabía, que ella se
llamaba Raquel.
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