18 marzo 2014

Capítulo 1. O como se encuentran las historias.

Es increíble como el simple hecho de encontrar a alguien sentado en tu mesa de siempre, esa que identificas como tuya, te pueda arruinar la mañana. Eso pensó Raquel al ver a aquel hombre leyendo el periódico y dando sorbos a su café de manera despreocupada.

Desde donde estaba ella en la barra podía observar por sus facciones que estaba relajado y que como ella, tendría unos veinticinco o tal vez veintiséis años. Sus ojos recorrían las páginas rápidamente, casi devorándolas, parándose en alguna que otra noticia esbozando una media sonrisa. Para rematar su rostro, el pelo castaño casi rubio y no muy largo, se arremolinaba como quería, haciendo que Raquel llegara a pensar que no era nada feo, sino al contrario.

Ella, que no solía fijarse en la gente más de lo necesario se sorprendió a sí misma teniendo ese pensamiento, pero a fin de cuentas, no todos los días alguien invadía "su" espacio. Con cierta curiosidad y paso decidido se dirigió hacia él, con su café tibio en una mano, después de haber pasado casi diez minutos analizándolo. Arrastró una silla hacia atrás y se sentó, atrayendo la mirada del joven.  Él la miró, sin sorpresa y con una sonrisa amplia, acompañada de un suspiro de alivio.

- Ya pensaba que hoy no vendrías a sentarte

Y aquí, si que Raquel no supuso que hacer. Creía tener el control de la situación, aunque tampoco había pensado que decir o hacer al sentarse en aquella mesa. Se limitó a mirarlo, pensando bien que decir.

- Me llamo Gabriel. Y estoy aquí porque quiero conocer tu historia. Alguien me ha contado que todas las mañanas te sientas en la misma mesa, pides el mismo café y después de tomártelo desapareces igual que apareciste. Que nadie sabe tu nombre, al menos no quien me ha contado esta pequeña historia. Que dependiendo del día, tus ojos gritan tristeza y otros, simplemente se mueren por hablar. Yo quiero saber porqué. ¿Quién eres? ¿Por qué esta mesa? ¿Por qué este café? Y te juro que no soy un acosador.

Raquel no sabía ni que decir. Se sentía acorralada como un gato, acorralada de que alguien supiera su rutina, de que alguien hubiera reparado en su presencia en esa ciudad tan caótica. Su respuesta, con lo cual, fue la propia para un gato acorralado.

- Creo que no hay historia que contar. Y eso de que no seas un acosador, lo valoraré yo.

Antes de que él pudiera decir nada más, se levantó de la silla y se marchó, dejando tras de sí a Gabriel, al café y trayendo a su mente todas las historias del pasado.
Pasaría una semana desde ese día antes de que Raquel volviera a poner un pie en la cafetería, un tiempo que Gabriel pasó sentado en aquella mesa leyendo el periódico. Hasta que al fin un martes ella compró su café con cara de cansancio, fue hacia la mesa, arrastró la silla y se sentó mirándolo. Ni siquiera ella misma sabía por qué estaba allí.

- Me llamo Raquel.  Y tengo una historia para ti, Gabriel.

26 febrero 2014

Prólogo

Raquel es la resaca del domingo, la nicotina del tabaco. 
Pero también es el amanecer después de la peor noche, o en el mejor de los casos, podemos decir que simplemente es Raquel. 

Camina por la ciudad levantando pasiones, quitando el aliento con la mirada, escondiéndose en los callejones a suspirar y buscando bares para llorar sin dejar de reír. 

Ninguno de los que la ven saben donde vive y solo unos pocos llegan a conocer donde duerme.

Desayuna sola todas las mañanas, a veces con un café, otras solo con sueños perdidos. Pero el día en que ambos se conocieron, él ni siquiera sabía, que ella se llamaba Raquel.